Pensando que salvaría a su hijo, la madre de Edgardo lo envió de vuelta a El Salvador poco después de que los hermanos más grandes de éste se unieran a la pandilla Mara Salvatrucha. Pero Edgardo vió que en El Salvador se libran las mismas guerras de pandillas que en Los Ángeles.


Spider, un amigo de la pandilla de Edgardo, sostiene una bolsa con cocaína que cuesta 50 colones (US$5.75), el equivalente de un día y medio del jornal diario de un salvadoreño medio. Las adicciones se han convertido en moneda corriente en la vida de las pandillas.


“El vato acosó a la esposa de uno de los pandilleros”, explica Edgardo, “si ella hubiera sido una ruca (chica) de otra pandilla, nos habríamos reído tomándonos unas cervezas”. “Ésa es la justicia callejera en Los Angeles, y es así cómo nos manejamos acá también”.


Depués del asesinato de su hermano José en Los Angeles, Edgardo adoptó el apodo de aquél: Shy Boy (chico tímido). Poco después de que el cuerpo de José fuera enviado a El Salvador para ser enterrado, Edgardo se hizo un tatuaje en la espalda con el nombre de su madre, Ana, y una lápida en la que está escrito “Shy Boy”.


Abrazando a la hija de uno de los chicos de su barrio, Shy Boy dice: “Quiero tener mi propia familia, pero primero necesito una casa, un trabajo, necesito un futuro”.


La casa pertenece a los padres de Spider y de Spike, que viven en los Estados Unidos, pero Shy Boy la ha tomado como su propio hogar durante casi todo el año pasado.


“Querido Edgardo: Sólo deseo que tengas una vida decente, paz y felicidad. No creo que ello lo encuentres de la manera en que estás viviendo ahora. Por qué no te quedas con mi papá. Él es viejito y necesita tu ayuda”. Cuando Edgardo termina de leer la carta de su mamá, sus ojos están llenos de lágrimas.


Edgardo va de visita durante la época de siembra y de cosecha para ayudar con el trabajo. Pero él es inquieto y no se puede quedar en un sólo lugar. “Estoy orgulloso que somos campesinos. Los campesinos somos humildes y generosos. Pero no podría vivir en el campo. Me hace falta la acción de la ciudad, pero allá también me aburro. No importa a dónde vaya, siempre quiero estar en otro lugar distinto a donde estoy”.


Edgardo visitando la tumba de su hermano José, dos años antes de que él mismo estuviera enterrado allí. La débil luz de sus esperanzas se había extinguido por una bala asesina. ¿Quién mató a Edgardo Bolaños? La policía no investigó. Algunos testigos le contaron a su madre que unos vigilantes de la zona desde un automóvil dispararon a Edgardo, dándole muerte en 1999.

Feliz día de la vomitada que huele a tequila

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